Deserta Ferro - Antigua y Medieval

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Justiniano I el Grande

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A la mayoría de la gente le cuesta relacionar lógicamente a los personajes de la Antigüedad clásica con los de la época romántica de la leyenda medieval

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A la mayoría de la gente le cuesta relacionar lógicamente a los personajes de la Antigüedad clásica con los de la época romántica de la leyenda medieval. El rey Arturo, por ejemplo, parece pertenecer a una época anterior a Julio César; no obstante su cristianismo lo sitúa varios siglos más tarde. En esta historia del conde Belisario se verá cómo se superpusieron ambas épocas. He aquí un general romano cuyas victorias no son menos romanas, ni sus principios estratégicos menos clásicos, que los de Julio César. Sin embargo, el ejército ha cambiado hasta volverse casi irreconocible [] y Belisario [] es un comandante cristiano de caballeros con cota de malla, casi todos de origen bárbaro, cuyas proezas individuales rivalizan con las de los héroes del rey Arturo. Robert Graves, El Conde Belisario, nota preliminar (traducción de Arturo Casals) Cuando la primera inmersión de uno en la época que ahora denominamos Antigüedad Tardía es a través de las maravillosas páginas de la novela del maestro Graves, es difícil sustraerse luego a su recuerdo cada vez que se vuelve sobre Justiniano y su intento de resucitar la gloria del Imperio romano. ¿Imperio romano? Sí, romano, tal como se seguían conceptuando sus habitantes y gobernantes, por más que, como recuerda Graves, muchas veces lo pensemos más cerca de lo medieval que de lo clásico. Pero, y sin desdecir lo anterior y como también él reconoce, es un mundo que ya despega hacia el Alto Medievo, incluso estéticamente, con un cristianismo rampante que ha ganado definitivamente la partida al paganismo. Justiniano, un emperador de talla colosal aunque a este que de niño leyó a Graves le costó quitarse la pésima imagen que de él da en su novela, vía las maledicencias de la Historia secreta de Procopio , intentó una tarea que desde la distancia se antoja imposible, para recomponer la unidad mediterránea del Imperio. Muchas veces se ha enjuiciado este esfuerzo ímprobo como pernicioso para el Imperio, debilitándolo y restándole fuerzas frente a los ataques que desde todos los frentes sufrió la siguiente centuria. Pero está será materia de otro número, así que os dejamos con Belisario, Narsés y sus jinetes acorazados, desde las riberas del Éufrates a las del Tíber.