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El nacimiento del Islam

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Sois llamados a combatir a gentes dueñas de gran valor. ¡Combatidlas o islamícense! Si obedecéis, Dios os dará una hermosa recompensa; si os replegáis [] os atormentará con un castigo doloroso (Corán 48:16 traducción de J. Vernet).

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A principios del siglo VII las tribus árabes, impulsadas por la nueva fuerza espiritual, el islam, y unidas por vez primera en su historia bajo una única autoridad, el Profeta Mahoma y sus sucesores, emprenden una expansión tan extraordinaria y fulminante que aún hoy es motivo de asombro para los historiadores. Mahoma nació, según la tradición, en torno al año 570 en La Meca. Pertenecía a los Quraysh, poderosa familia venida a menos. En un momento dado comenzaron a serle revelados transmitidos por el ángel Gabriel versos enviados por Dios (luego recopilados en el Corán). Alrededor del año 610 comenzó su predicación en La Meca, pero ante la hostilidad de algunas tribus y tras varios atentados contra su persona se trasladó, junto con sus seguidores, a Medina, en lo que marca el comienzo del calendario islámico (la Hégira, año 622). Allí, Mahoma unificó a las tribus mecanas y, de forma progresiva, avanzó en la conversión y unificación de Arabia. A su muerte, en 632, gran parte de la península arábiga se había convertido al islam. Mahoma fue sucedido por Abu Bakr, quien prosiguió la expansión del islam en dirección a los dos imperios más poderosos de aquel entonces: romano y sasánida, que fueron tomados totalmente por sorpresa. Por un lado, el Imperio romano de Oriente (o bizantino) será dura y repetidamente derrotado por las tropas musulmanas, cercenándole en pocos años Siria, Palestina y Egipto, y reduciendo inmensamente su influencia y poder, que nunca recobrará. Por otro lado, el destino del Imperio persa sasánida será incluso peor. Tras una larga serie de derrotas, en 651 el último monarca persa, Yezdiguerd III fue indignamente asesinado en Merv (Turkmenistán) por un molinero que intentaba robarle. Cuatro siglos de Imperio sasánida llegaban así a su fin. Cuando, una década después (en 661) se establecía el Califato Omeya, con capital en Damasco, la extensión territorial del nuevo Estado islámico superaba los 15.000.000 km², componiendo el más grande sobre la faz de la Tierra. En las páginas que siguen trataremos de analizar este fascinante episodio histórico, los albores del islam, con especial atención a su faceta militar.