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¡Cartago debe ser destruida!

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"Hacía tiempo que la decisión [de hacer la guerra a Cartago] había sido tomada en firme y ahora los romanos buscaban un pretexto que, a su parecer, fuera honesto de cara a los de fuera (Polibio XXXVI.2.1)."

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Con esta sorprendente franqueza expresaba el historiador griego el funcionamiento de la Realpolitik romana, que a mediados del s. II a. C. buscaba un pretexto para reanudar su hostilidad con Cartago, una ciudad con la que estaba en paz desde el final de la Segunda Guerra Púnica, en 201 a. C. Ahora bien, ¿por qué razón? Y, ¿qué razón era esa que no podía expresarse públicamente y en su lugar requería de un pretexto? ¿Acaso se sentía Roma amenazada militarmente por su vecina púnica? Desde luego que no: sin apenas ejército, sin elefantes, con una flota de guerra reducida a 10 naves y una política exterior arbitrada y dirigida por Roma, la capacidad ofensiva del Estado púnico era prácticamente nula. Cartago era política y militarmente insignificante. Ahora bien, tal y como pudo constatar la embajada romana liderada por M. Porcio Catón (el Censor) que visitó la capital púnica en 153 o 152 a. C., la ciudad era un emporio comercial que había recobrado su antigua prosperidad económica. Cartago era una pujante economía, capaz de enriquecer a sus habitantes y emprender ambiciosos proyectos urbanísticos y monumentales, una pujanza que en parte se debía, paradójicamente, al ahorro que supuso su inactividad militar. La comedia de Plauto Poenulus (Pequeño cartaginés), compuesta en este momento, narra precisamente las andanzas de un mercader púnico, pues tal era la imagen no alejada de la realidad que los romanos tenían de este pueblo. Todo ello inquietaba a Catón y a sus partidarios, entre los que probablemente figuraban hombres de negocios que veían con recelo la competencia púnica. Era, pues, preciso, frenar el crecimiento de Cartago. Solo faltaba un pretexto y una disputa menor entre Cartago y su vecino Masinisa, rey de Numidia aliado de Roma, sirvió como tal. Los días de la ciudad púnica, fundada siete siglos antes, dominadora e influyente en buena parte del Mediterráneo occidental, tocaban a su fin.