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La Guerra Civil en Vizcaya, 1937

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El 31 de marzo de 1937 se hace realidad lo que generales del entorno de Franco como Kindelán o Juan Vigón venían reclamando

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un giro al norte de la estrategia de guerra a tenor de los repetidos fracasos ante Madrid. La campaña de Vizcaya se prolongó tres meses hasta la total ocupación del suelo vasco. He tenido unas horas tan amargas y he medido tan severamente la que juzgo mi responsabilidad que [] pensé en el suicidio. La reacción del ministro de Defensa Nacional Indalecio Prieto a decir de su colaborador y amigo Julián Zugazagoitia ante la noticia de la caída de Bilbao el 19 de junio reflejaba, más allá de la comprensible conmoción por la pérdida de la que era su ciudad de adopción, la trascendencia de la caída del País Vasco. Significaba el principio del fin del Norte para la República no sin que mediara un largo verano de encarnizados combates y una derrota más inmediata de la causa del nacionalismo vasco, que había sostenido el Gobierno de Euzkadi. Mientras, salían triunfantes el tradicionalismo y el conservadurismo encuadrados en el bando sublevado que tenían en Navarra y en parte del territorio vasco un feudo incontestado. La guerra en este ámbito revistió una serie de peculiaridades derivadas de una dinámica política diferenciada y, sin embargo, el sentido estratégico y la magnitud operacional de la campaña de Vizcaya no se explican sin el contexto más amplio de la creciente internacionalización de la guerra (ayuda material extranjera, Pacto de No Intervención) y la evolución general en ambos bandos (crisis del gabinete de Largo Caballero y sucesos de Barcelona, proceso de unificación política nacional en manos de Franco). Estos factores tuvieron eco en la situación militar. Las fuerzas gubernamentales experimentaron dificultades para culminar la militarización y estructuración del mando de una constelación de milicias más heterogénea si cabe que en el resto del territorio leal a la República que no impidió en cambio que las unidades lucharan con cohesión y actitud sobre el terreno. El ejército de Franco logró apoyarse, más que en otros frentes, en una fuerza de choque fundamentada en la movilización de sus bases sociopolíticas, del voluntariado eminentemente carlista, que resultó altamente combativa. Y sobre esos factores, el creciente desequilibrio material que comenzaba a tener consecuencias decisivas en la contienda.